Por el cronista Antonio Ávila Galán*Etapas históricas
El 26 de mayo de 1526, se fundó la comunidad de Tuxtepec, dándole el título de Villa de Medellín, en recuerdo a la patria de Hernán Cortes. A partir de entonces los españoles se posesionaron de estas tierras e introdujeron la esclavitud traficando con sus naturales, siendo éstos vendidos o cambiados por diversos objetos. La historia refiere que hombres tan desalmados hacían cambios de un indio por un queso, un indio de mejor ver por un caballo o una botella de vino, y hasta por unos enseres menores, es decir, “según el sapo la pedrada”.
A 200 años de la conquista
De los años de 1521 a 1711 las enfermedades endémicas diezmaron a los habitantes de Tuxtepec en muy alto porcentaje, debido a una gran inundación en esa época, por lo mismo muchas familias de esta comunidad emigraron a otros lugares más seguros. En el año de 1711 un indígena natural de Tuxtepec se presentó en la población de San Felipe Usila pidiendo se extendiera un título de propiedad, haciendo notar a las autoridades españolas que allá residían, que los moradores de Tuxtepec, ya no llegaban ni a 30 tributos, y que habían a la vez pocos mulatos en esa tierra española de Tuxtepec, y los pocos que habían trabajaban pacíficamente, pidió que se hiciera la diligencia de ley y fue en esa forma que se le vendió mencionado título de propiedad a los moradores de Tuxtepec, en la ciudad de Oaxaca, por el precio de cien, pesos que ellos pagaron al gobierno español.En el año de 1717 se le puso el nombre de San Juan Bautista a Tuxtepec, debido a un influyente personaje proveniente de Usila, eran los que tenían el poder en sus manos perdurando por muchas décadas, hasta que fue trasladado – a partir de la compra venta,- a esta cabecera de
Tuxtepec. La Villa de Tuxtepec
Tuxtepec fue siempre reconocida como Villa, primero como Villa de Medellín y después como Villa de San Juan Bautista Tuxtepec. Se elevó de Villa a Ciudad el 28 de Abril de 1928, pero se hizo oficial el 5 de mayo de ese mismo año, trascendental hecho, pues Tuxtepec se ha convertido de una exuberante Villa de aquel entonces, a ciudad más importante de la Cuenca del Papaloapan.
Tuxtepec es un distrito creado por decreto el 23 de marzo de 1858. No figuró sino como cabecera de parroquia perteneciente a la foránea de Otatitlán Veracruz. El primer censo de población en el año de 1910, arrojo 48 mil 325 habitantes. El municipio de Tuxtepec, estuvo constituido por San Juan Bautista Tuxtepec, San Miguel Soyaltepec, San Lucas Ojitlán, San Pedro Ixcatlán, Jalapa de Díaz, San Felipe Usila, San Juan Bautista Valle Nacional.
Dentro de la resolución de la división política de la fecha anterior mencionada, Tuxtepec se componía de tres villas y 16 pueblos de la orden parroquial; tenemos la primera en la de Otatitlán a la cual pertenecía Tuxtepec.
En mexicano Tuxtepec significa “cerro del conejo”; etimología: Tochtli, conejo; tepel; cerro. En chinanteco lleva el nombre de geumalo que quiere decir “pueblo de camelote”. Los mazatecos le conocen con el nombre de Naxinchee que quiere decir “cerro grande”.
Carácter y costumbres
Los habitantes de la Villa de Tuxtepec, en aquel entonces, eran francos y sinceros. Se dividieron en dos clases: la española que constituye todas las personas que hablan el castellanos y visten al uso mexicano, y la indígena, cuyos hombres usan sombrero negro en figura de un cono truncado, alto de copa y calzón de tela de lino, chamarra de bayeta azul y machete moruno, los mulatos usan pantalón, banda de seda o de lona y sombrero jarano o de palma.
Los señores de la clase decente usan vestido como los de las principales capitales, pues representan elegantemente adornados. Las indígenas no se enrollan el pelo sobre la cabeza, ni usan rebozo sino después de casadas; mientras que las doncellas o solteras usan sólo huipil o manta, las trenzas colgantes, los huipiles, están adornados con bordados de seda, hilos y listones de colores, luciendo dibujos de águilas, venados, estrellas y otras figuras caprichosas, dejándolos caer sueltos hasta la rodilla.
La identidad “tuxtepecana”
En los bailes, la raza española asiste previo convite y danza; las mulatas concurren a los bailes de tarima llamados guapangos, para los que necesita de su convite pues basta colocar una tarima, banca o sillas y colgar faroles en una enramada o jacal descubierto y hacer algunos disparos o quemar cohetes al comenzar la noche, para que todos se den por invitados. En estos bailes la raza indígena no baila, pero asiste a ver bailar, ya en los guapangos, ya en los salones de baile de españoles o mestizos. En los guapangos los instrumentos empiezan a tocar algún sonecillo popular y los cantadores las más de las veces improvisan sus versos análogos a la situación del ánimo, comenzando uno y otro y repitiendo lo demás en coro.
Hay sones en que sale a la tarima una sola bailadora, que se revela con otras y otras más hasta que para de tocar el arma, flauta y guitarra o jarana. Todos los hombres que en estos guapangos se encuentren, tienen derecho de galantear a las bailadoras y estas galanterías consisten en ponerles un sombrero, atarles una banda u otro objeto, pero cuando concluyen el son, van por su prenda, entregando a la bailadora una moneda de oro o de plata que llega a pesar algunas veces una onza.
Huapango, el baile de Tuxtepec
Este pequeño relato de lo que fue Tuxtepec, nos demuestra que el baile propio de esta región es el guapango, mismo que deberíamos preservar para nuestra identidad regional ya casi perdida. El indígena, viendo, aprendió a bailar el guapango y a tocar el arpa y la jarana; esto lo podemos constatar con algunas personas de avanzada edad que improvisan versos acompañados de sus jaranas, nacidos aquí en Tuxtepec o hacia la parte de Ojitlán, Jalapa e Ixcatlán.
El tuxtepecano moderno es ingrato en cierta forma o bien es dejado, pues se le ha hecho fácil inventar o crear otro baile que ni remotamente lo identifica con la región en que vive, sólo porque políticamente así se le ha convenido lo acepta, pero ¿a costa de qué?, de casi perder sus raíces, el elogio es lo máximo para él, o para el político encumbrado por tres años en el poder. ¿Y la Casa de la cultura, qué debe hacer?
*Conferencia dictada a
estudiantes tuxtepecanos.









