Tratándose de estos falsos preceptores, no sabe uno
que sea peor: que dediquen sus días a marchar y fregar
al prójimo, o que den clases. Luis Farías Mackey (La Silla Rota)
Durante 70 días los maestros de la Sección 22 y los estudiantes de las escuelas normales de Oaxaca mantuvieron una insostenible jornada de protesta en contra de miles de inocentes. Primero los educandos de primaria y secundaria, luego la gente que trabaja y después los visitantes y turistas pues con el fin de “presionar” más los profes extendieron sus actividades “revolucionarias” hasta la semana santa.
Desde el 19 de enero cuando bloquearon la sede del Congreso local, hasta después de semana santa, más de dos meses y medio de agitación permanente mantuvo en vilo a la ciudad de Oaxaca y otras ciudades de le entidad. Los bloqueos de calles, centros comerciales, bancos y hasta de carreteras se dieron durante esos casi tres meses. El motivo: imponer al Congreso local sus propuestas del PTEO para que sean ley en Oaxaca.
Ingobernabilidad en Oaxaca
El gobierno de Oaxaca sólo pide y ofrece diálogo al magisterio todo el tiempo, aun cuando está visto que a éste no le interesa eso sino imponer sus exigencias. De manera que al temer a ese que es el grupo político más grande de la entidad, al no atreverse a ejercer su autoridad de gobierno las actuaciones del magisterio salen de la esfera del derecho, lo que arroja una evidente ingobernabilidad.
Esa amplia franja de la sociedad afectada por paros, bloqueos y hasta de violencia queda fuera del estado de derecho. La acción de los vehículos retenidos de empresas o particulares, por ejemplo, no las ve el gobierno como actividad delictiva sino como algo normal de los profesores o estudiantes normalistas.
La actividad económica es seriamente golpeada, no sólo se afecta a las grandes supermercados transnacionales y nacionales, los bancos y negocios fuertes que no sufren la misma afectación que las empresas y negocios locales pequeños, junto con la gente que tiene que realizar trámites importantes o trabajar ahí, como las casas de empeño, negocios medianos y pequeños, restaurantes y bares. Todos los prestadores de servicios al turismo que esperan las temporadas de vacaciones son seriamente golpeados desde hace décadas. Muchos negocios han quebrado por esta dinámica y muchos oaxaqueños han cambiado sus proyectos de vida, incluso emigrando de Oaxaca.
Vacío de poder
En el sector educativo la gobernabilidad no existe. Las leyes del derecho al trabajo, de tránsito y demás no se aplican. Si bien los cierres de calles y carreteras no fueron ahora protagonizados por los maestros, que se circunscribieron a plantones en centros comerciales y zonas públicas como el zócalo de Oaxaca, sino por otros grupos de presión, la gente siempre los vinculaban y responsabilizaba por esos cierres. Pues de todas maneras los sindicalistas ofrecen el contexto adecuado y hasta protegen a otros que también se incluyen aprovechando la debilidad del estado de derecho para cerrar carreteras o invadir Alameda y Zócalo de la ciudad de Oaxaca, por ejemplo, para instalar enormes e informales mercados, donde ha trascendido se vende hasta droga.
Esas zonas de ingobernabilidad que son focos rojos del país también están en Oaxaca, desde la impunidad para violentar el derecho de las mayorías hasta lo que antes se reputaba sólo propio de otros estados, como la violencia y el secuestro. En este último recién trascendió que ocupamos el tercer lugar nacional. La presencia de los grupos de la delincuencia organizada en el Istmo y Tuxtepec son evidentes, con secuestros y asesinatos.
La debilidad del gobierno del estado abre paso a que ese vacío lo llenen otros. En una nota de facebook alguien pedía: “En dónde están esos zetas que no ponen en orden a esos maestros”. En este contexto se dio el enfrentamiento en Playa Vicente Juchitán cuando los policías quisieron desalojar violentamente a los anti eólicos sin éxito, resultando tres policías con traumatismo craneoencefálico; y el homicidio del presidente municipal de San Juan Mixtepec, Feliciano Martínez Bautista resultado de conflictos municipales que son otra zona donde el gobierno del estado no gobierna desde hace mucho, zonas rurales e indígenas, de usos y costumbres, que se matan periódicamente para dirimir sus disputas, en ocasiones en masacres escandalosas.
En la semana santa las agencias de viajes y hoteles declaraban que perdieron buen número de reservaciones ante las acciones de las maestros y normalistas, en sintonía con lo que sus colegas hacía en el estado de Guerrero, como la obstrucción de le Carretera del Sol, vía rápida del D.F, al puerto de Acapulco.
Aunque la Secretaría de Turismo del gobierno de Oaxaca difunda que la temporada vacacional fue buena para los prestadores de servicios, tanto éstos como la realidad contradicen esas irrelevantes cuentas alegres de siempre. Hace rato que trabaja contra Oaxaca como destino turístico la mala publicidad de boca en boca.
El viernes santo el centro de la ciudad capital de estado mostraba cierta desolación, numerosas mesas vacías de los restaurantes, las que en otros años eran insuficientes para los comensales. (ver foto). Y toda la mañana y hasta medio día estuvo así. Y todo esto sólo por la obstinación de la sección 22 del magisterio de imponer sus propuestas insustanciales en la legislación en materia educativa de Oaxaca y en las leyes reglamentarias de la nueva reforma educativa nacional.
Tres fallas del PTEO
Pero esta pretensión magisterial carece de fundamentos que le den validez. Son tres los grandes errores y desaciertos centrales de la supuesta lucha magisterial por imponer sus propuestas para reglamentar la reforma educativa, tres fallas estructurales que los dejan desnudos de argumentos que justifiquen tanto su agitación social como el apoyo de un gobierno del estado que dirige Gabino Cué y que supuestamente ganara con el apoyo popular para mejorar Oaxaca.
Estas debilidades y contrasentidos estructurales del movimiento de hoy de la Sección 22 también debilita al actual gobierno y lo ha exhibido en el ámbito nacional como protector y rehén de una camarilla de presión política.
1.- El primer gran error de esta propuesta es basar su anunciada metodología en los “saberes colectivos” de los pueblos indígenas. Pues no obstante que Oaxaca cuenta con 16 grupos étnicos, éstos representan apenas la tercera parte de su población. Así las otros dos terceras partes de la población, las que nos son propiamente rurales, quedan fuera de la propuesta. Esto lo señala también el cuerpo académico del IPN que evaluó el PTEO en año pasado.
2.- Recurren al viejo y anacrónico discurso indigenista de preservación de las lenguas autóctonas. Lo cual no es cuestionable. Sin embargo, preservar la lengua de los pueblos no puede ser sólo el objetivo, pues si ellos sólo dominan una lengua, ¿cómo podrán comunicarse con otros pueblos? En este sentido el aprendizaje del español es imprescindible, incluso para que pueblos indígenas puedan comunicarse entre sí.
A este respecto, en una interesante polémica el año pasado el doctor Miguel León Portilla, autor de La Visión de los Vencidos, asentó lo siguiente:
“Un mazateco comentó en cierta ocasión: ´Hablo dos lenguas, este mazateco que mamé y me permite hablar con mi familia y miles de paisanos míos, y tengo el español que me permite hablar con 500 millones
El español también es nuestro. Si no fuera así, preguntó León-Portilla, en Oaxaca donde hay más de 15 lenguas distintas ¿Cómo se podría comunicar un zapoteco con un mixe o con un huave? Es necesaria una lengua general, en una época lo fue el Náhuatl y ahora es el español.” (http://revistaenmarcha.com.mx/miscelanea/cultura/1075.html)
Además, este sector indígena rural es el más abandonado por el magisterio, la mayoría se esfuerza por hacer méritos sindicales (no académicos) en la sección 22 para salir lo más pronto posible de esas zonas hacia las zonas urbanas. Esta población indígena es la menos atendida, la que denuncia que los maestros llegan el martes y se van el jueves de cada semana, y si es quincena el miércoles pues salen a cobrar ese día y ya no regresan sino hasta la semana siguiente. Si acaso de los 200 días del calendario escolar en las zonas indígenas en promedio los maestros asisten 100 días a las escuelas. Y eso si no hay movimientos fuertes como el del 2006.
3. Rechazo a la evaluación. La propuesta conjunta de la Sección 22 y de gobierno de Oaxaca (más bien la propuesta del primero a la que se ha subordinado el segundo) se niega a cualquier evaluación que pudiera dejar fuera de un empleo para el cual no estuvieran capacitados, por lo cual se encuentran en pleno combate para que ninguna evaluación ponga en peligro la permanencia en las nóminas del IEEPO a los profesores reprobados sin capacidades para estar frente a grupo.












