A gran distancia entre el aroma de la menta me puse a
pensar a dónde ir y decidí para que no me dominase
la soledad buscar una ermita porque necesitaba desahogarme
El clamor del mar me devoraba como la cabra la hierba
próxima a la Felicidad Sin embargo nada nadie
Sólo ardía alrededor la profecía del olivo salvaje
Y toda la ladera a lo largo del polvo de la espuma sobre mi cabeza predecía y se ponía su pelliza de mil
temblores malvas e insectos querúbeos Sí si estaba de
acuerdo estos mares se vengarán Un día estos mares se vengarán
Y allá arriba desprendida de su ruina apareció
ganando altura hermosa como ninguna otra
con todo el aleteo de las aves a su movimiento la muchacha que Bóreas traía* y yo esperaba
Y a cada paso suyo dejaba que el aire diese contra su
pecho y con una temblorosa alegría dentro de mí
que se me subía hasta el párpado para volar
¡Ay pasiones, ay locura de mi patria!
Rompían tras ella una luz invisible y dejaban en el
cielo algo como señales intactas del Paraíso
Pude ver por un momento la horquilla engrandecida
de sus pies y todo su interior todavía con un poco
de salitre marino Después me llegó su perfume a pan fresco y a regaliz salvaje en las montañas
Empujé la pequeña puerta de madera y encendí una
veladora Porque una idea mía se había inmortalizado.
*“La muchacha que traía Bóreas” alude sin duda al rapto de Oritia, hija del dey de Atenas, Erecteo. Bóreas la raptó mientras jugaba con sus compañeras en la ribera del Iliso. Ver Hesiodo, Teogonía, 378; Ovidio, Metamorfósis, VI, 685 y Platón, Fedro, 229, b. (Notas del editor. Ediciones Jucar, España).
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Traducción de José Antonio Moreno Jurado.
Odysseas Elytis. Poeta griego (1911-1996).
Premio Nobel de Literatura en 1979.









