Friday, 08 de May de 2026
Libro: OAXACA, Insula de Rezagos
Crnicas de la nsula
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Belize city

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primi sui motori con e-max
desnuda_okFoto: Rodolfo Uribe Iniesta
Existes, esplendor sin forma.
Agotada la gloria en diaria exploración de ciudades,
caudales de letras insepultas
veladas en la ciénega grande de los negros.
Caminas accidentes irredentos que nombran estadísticas morales.

Conociste secretos anteriores que no se sembraron
en el viejo moridero de hombres sin ilusiones.

Tu cama, los espejos y las cosas asibles o recordables
—no escuchaba ensordecido por el motor de climas              artificiales, cegado por el resplandor de las banquetas,
los muslos de las morenas, etcétera—
y en los desdenes de tu ropa inajustable
(en el desvanecimiento es cimbra obscura
abrazando troncos enormes,  
densa montería en la que los hombres
se acostumbran a la muerte)…

Es tu cuerpo
recuerdo de parajes sombríos por exceso de sol,
proyección de nubes bajo trasfondos vegetales
donde nació una luz sin calor
y la temperatura venía de tus manos,
de tus palmas nacientes más claras que la sonrisa.

Asociada a mi propio recuerdo
no eres nadie sino el instante de la advocación primaria abriéndose en el tiempo
como una mata sedienta de hoja amplia
recibiendo agua profunda
escogida por la luz cenital,
llegando de muy lejos, anunciada apenas
como una ráfaga de brisa en medio de la carretera.
Paisaje estrecho de momentánea inconsciencia,
sentido que no puedo retener,
todo tu ser sin esencia era femenino,
respiro al deseo, simple anhelo de cuerpo.

Susurraste en creol arrastrado como arroyo de guijarros, intraducible como los grabados
en las lápidas del cementerio
en el camellón de la calle principal
y esa noche incendiaste
con tus ojos amarillos a un transeúnte.

Hermanada al viento
reconocí tu voz en el peculiar
olor de la madera podrida
de las casas del puerto encallado en esta costa:
soñaste ángeles y yo agonizaba carbonizado
en luminosa encrucijada.
Despiertan tus muertos y yo no tengo
valor para desgarrar tus muslos.

Leí muchos mapas para aprender mi nombre:
no lo conozco.
No sirve de nada tener nombre:
lo aprendí en tu cuerpo.
 
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