Friday, 08 de May de 2026
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El graffiti istmeño

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graffiti_istmeo“Pintar hasta explotar como chiquitraca”. Ese es el lema y también la meta del grupo de artistas juchitecos que han encontrado en los muros y bardas de las calles el mejor espacio para expresarse sin límites ni prejuicios.

 

Juchitán.- Para “Poetalatas” y “Gothare”, rúbrica que usan para identificarse en sus trabajos, la motivación es la misma que hace más de 15 años: “pintar mejor cada vez que se hace”, sólo les basta una lata de spray y estar ante el desafío del tamaño que la barda les presente, para pintar y dibujar a mano alzada el graffiti o el mural que estén imaginando.

Graffiti en Juchitán

La palabra graffiti proviene del término italiano “sgraffiti “ que significa dibujo o garabato sobre pared o superficie plana y ha existido desde el principio de la historia del hombre; dan cuenta de ello las pinturas rupestres en cuevas y cavernas en América, Europa, África y Asia, pero en Juchitán su historia es muy reciente.

Daniel Orozco “Poetalatas” y Jesús Vicente “Gothare”, dejan para el recuerdo las dificultades de su inicio en ese arte y no guardan resentimiento de las veces que los corrieron o los metieron a la cárcel por su trabajo incomprendido.

Graffiti y Rap en zapoteco

Desde que los estudiantes alemanes plasmaron sus protestas contra Hitler en pintas en 1942 y luego en los 70’ en los franceses usaron el pochoir (graffiti con plantilla), precursor del actual movimiento del sténcil que hoy se emplea pasando por la firma de nombres en paredes y estaciones del metro en EU, en México, algunos consideran a David Alfaro Siqueiros precursor del graffiti por haber usado en sus murales una pistola de aire para pintar.

El graffiti ha sido considerado “la libertad de expresión en su estado más puro” y según Poetalatas y Gothare, ha servido para impulsar a otros jóvenes a hurgar nuevas propuestas expresivas en la música usando géneros musicales como el Rap o el Hip-hop en lengua zapoteco que hoy se comienza a escuchar.

Aunque para muchos el graffiti podría representar un estilo de “guerrilla urbana” o ser la expresión de drogadictos o de los más pobres en realidad el graffiti es “para la clase media” dicen los artistas porque un mural de buen tamaño podría costar más de diez mil pesos.

“Debes ahorrar mucho o tener un buen padrino, porque actualmente para hacer un mural necesitamos de 30 a 40 latas de Aerosol-94 y una lata de buena calidad cuesta noventa pesos cada una”.

“La calle se rige sola”

“La calle ha sido y será nuestra casa”, aseguró Gothare, en relación a que en ella se expresan, en ella encuentran nuevos amigos, ahí aprenden de otros graffiteros.

Aunque muchos graffiteros en otras zonas del país, han usado las bardas para “marcar el territorio” de su banda o pandilla o para dejar mensajes de cárteles de la droga, en el Istmo es diferente; las bardas son espacio para el arte.

Hace más de 20 años, el creciente muralismo impulsado por artistas identificados con la COCEI en Juchitán permitió observar pinturas en bardas y muros de la ciudad que hoy también aprovechan los jóvenes del movimiento graffitero.

Un día de trabajo o una semana, dependiendo del tamaño de la barda corre el riesgo de ser borrado por otros en lo que es un arte efímero pero con reglas no escritas que Poetalatas explica de la siguiente manera:

“La calle se rige sola… existe entre los graffiteros una regla de oro, sólo se puede borrar el trabajo por algo mejor”.

De las rayas al dibujo

En un esfuerzo por construir una identidad en el graffiti, Gothare y Poetalatas coordinan a un pequeño grupo de graffiteros desde hace casi un año al que denominaron “Chiquitraca” integrado además por Hozznar Galo, Trist y Jomer en recuerdo del nombre de los pequeños explosivos que a todos divertían en su infancia.

Hoy los integrantes del Colectivo Chiquitraca apuestan por un proyecto que han titulado “Binni Laanu” (Gente Nuestra) que pinta retratos de personas de la comunidad y niños rodeados de juegos tradicionales en la idea de que si la comunidad se apropia de la obra será ella misma quien la defienda cuando alguien pretenda destruirla.

“Hoy hemos pasado de las rayas a las propuestas diferentes para que vean el graffiti como arte que otros están imitando”, dicen.

Ambos artistas quieren ser precursores de una nueva corriente de graffiteros en Juchitán, para comunicar al mundo en la calle elementos de su cultura madre, por eso la invitación que recibieron para participar con su obra en una exposición no les impresiona tanto.

“En una galería no eres nadie, sólo puedes ver a distancia, no puedes tocar, por eso la mejor galería del mundo siempre será la calle y queremos que nuestras mejores obras estén ahí”, asegura Gothare.

Sus 10 primeras obras son sólo el motor que genera el deseo de nuevos retos, de nuevos matices y un nuevo lenguaje que reeduque a otros graffiteros y a la misma sociedad y reafirman su lema y su convicción: No dejar de pintar aunque sean 24 horas seguidas…“Pintar hasta explotar como Chiquitraca” y en eso, los artistas juchitecos aplican toda su energía.

 
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