Friday, 08 de May de 2026
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Perlas oscuras de la Guelaguetza

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La Guelaguetza requiere de un rediseño profesional. No sólo por ser la fiesta por excelencia de Oaxaca, por la riqueza cultural (no se habla de original) que se hizo entrañable a los oaxaqueños, sino también como una atención a los turistas que llegan a pagar casi mil pesos de entrada por los palcos principales. No es posible que locutores y presentadoras se la pasen diciendo lo que sea. Por ejemplo, uno de los que trasmitían por nuestra televisión provinciana dijo: “Oaxaqueño, más que un gentilicio es una forma de ver el mundo”, ¿en serio?

 

Declamaciones y recitaciones aldeanas

 

Perlas oscuras sin valor suelta cualquiera que tiene el micrófono en la fiesta: “Oaxaca, tierra de mar morena”. Otra perla la soltaron cuando tocó el turno en la Rotonda de la Azucena Huautla de Jiménez, tierra de María sabina “la diosa de los hongos alucinógenos”, fue elevada de sacerdotisa, como se la llama, a diosa por el imberbe locutor.

 

Tuxtepec con su eterna declamación de su ingeniosísimo “Medio viaje fue subir y medio viaje bajar.” Los de la tierra de las mujeres bellas, como se conoce en el Istmo a El Espinal --igual que a Unión Hidalgo--, declararon que “El Espinal es capital mundial de la amistad” (sic). Ahora hasta los de la Danza de la Pluma de Zaachila se echan su bonita recitación previa. No cabe duda que es cierto que lo malo se pega.

 

Santa Catarina Juquila llevó sus sones y chilenas y a un innecesario frenético presentador-declamador que nada ilustra desde abajo de la rotonda y luego otro desde arriba. Ambos aburren.

 

La competencia discursiva

 

Pero Miahuatlán no se quedó atrás en eso de declararse lo más fregón: “capital científica del mundo”, en alusión al año que ese municipio fue el mejor lugar para experimentar el eclipse. La tierra de Porfirio Díaz nos receta su aburrida clase de historia y de las batallas, fechas, años; además, parece que no llegaron a bailar sino a andar corriendo por toda la Rotonda.

 

Los versos jocosos de la Costa siempre están en el borde de salir del buen gusto para caer en lo contrario, cada vez más con estos chistes recurso fácil para simpatizarle al respetable. Pochutla ahora cayó en lo segundo en uno de sus versos: “Para el rico el dinero y el pobre pura riata”. Tan bien que iban, diría el Peje. Aguzando el ingenio hallarían formas más efectivas de quejarse.

 

Bienvenidas al por mayor

 

Por cada delegación hay una nueva bienvenida a los visitantes “nacionales y extranjeros”, además de una larga perorata no siempre necesaria de la presentación. Largas declamaciones con anacrónico acento aldeano. En lenguas originarias que muy pocos entienden. Luego las largas traducciones. Quizá sean necesarias pero no tan extensas.

 

Hay que replantearse algunas presentaciones como la llamada Danza de los Diablos, danza colonial insertada en varios pueblos de Oaxaca, entre ellos los pueblos negros, nada tienen que ver con éstos, esa danza es representación atemporal de las manifestaciones europeas de la conquistadora religión católica de España. En la Costa la danzan Collantes y Llano Grande.

 

Así como la danza europea que representa la lucha entre moros y cristianos de San Andrés Huaxpaltepec (etnia mixteca de la Costa). Si eso nada muestra de la singularidad de los pueblos de Oaxaca y ni siquiera es artística o estética, ¿vale la pena conservarlos? Igual sucede con Santiago Juxtlahuaca y su danza de los Pachecos acarreadores de ganado, con vestimenta de cuero más propia del norte del país. Expresiones que ni siquiera son mestizas.

 

¿De verdad hace falta llevar a la Rotonda de la Azucena tantas ceremonias de bodas y bautizos? Entre éstas la de Santos Reyes Nopala y la de Huautla, ambas aburridas. ¿O Repetir el Jarabe del Valle en una misma jornada? Lo baila Oaxaca y Tlacolula de Matamoros en una misma mañana. Así como la igualmente repetida participación de dos municipios del Istmo en las dos jornadas de Guelaguetza, El Espinal y Unión Hidalgo en la mañana del primer Lunes del Cerro; en el Segundo Lunes por la tarde Tehuantepec e Ixtepec.

 

Unión Hidalgo más que a bailar fue a dar un paseíto, con su canción a Santa Cecilia de una letra regular, así como a la virgencita mexicana, confundiendo la Guelaguetza con la Basílica de Guadalupe del 12 de diciembre.

 

En el Segundo Lunes por la mañana se presentó Juchitán con su delegación de robustas y su estandarte nada estético (si ese Ayuntamiento no tiene para pagar la luz municipal, menos para la Guelaguetza). Iniciaron con una canción sosa, las mujeres cargando tinas de lámina cuando hay mucho barro por ahí; quieren innovar con letras en zapoteco, un baile con música nueva pero con el zapateado de siempre. ¿Qué les dio por anunciar velas y bailar agarrados? Y al final una melodía francamente tropicalona con letra no menos fútil. Las crisis de Juchitán reflejada en el Cerro del Fortín.

 

Mención aparte merece San Blas Atempa. Esta nueva delegación tampoco aporta algo, igual que otras hace publicidad de sus velas. Francamente devaluaron su magnífico son La Sanblaseña, ¿quién les dijo que le pueden cambiar la letra original de la manera más arbitraria y deficiente? También con su declamador que lo hace en español que todos entienden y luego en zapoteco. Ixtepec y Tehuantepec tampoco lucieron mejor, pero al menos ejecutaron la clásica Sandunga que no debe faltar.

 

San Pedro Ixcatlán, de la región del Papalopan, podría ganar mucho con su presentación si prescindieran de la personaje que llevan sin pareja a su pieza “La borrachita”, quien distrae del disfrute del baile del grupo que lo ejecuta al jalar poderosamente la atención en su trastabillar por todo el escenario con el nunca estético comportamiento de cualquier beodo o beoda. La Borrachita no sólo no enriquece sino hasta es promoción del alcoholismo, donde la mujer se empina la botella en un espectáculo nada edificante.

 

Loma Bonita, también del Papaloapan, que presentó su “Fandango de Loma Bonita” con el arpa y la jarana y sus consabidas décimas, trajo de regreso a la Guelaguetza lo que ya había sido superado con la creación de Flor de Piña de Tuxtepec, pues éste último municipio llevaba antes esa música, de arpa y jarana, más identificada con Veracruz.

 

Cacahuatepec y Jocotepec, buenas propuestas

 

San Juan Cacahuatepec, la tierra de Álvaro Carrillo, llevó buena selección musical y de bailes, una presentación que fortalece la fiesta. Si no hablaran tanto, para qué recalcar lo que está a la vista, que si la belleza de las mujeres, que si la de los bailes. Si la coreografía se defiende sola y bien, lo demás estorba.

 

También Santiago Jocotepec, Choapan, de la región del Papaloapan, llevó una buena selección musical, nada pretensioso, bailes simpáticos y sencillos, muy agradables. Vestuario sobrio de manta ambos, mujer y hombre, pero alegre y colorido. Y un mensaje duro pero tamizado en una bella melodía y canción, que al traducirlo la voz femenina dejó ver la terrible realidad de esa etnia, otra permisibilidad delincuencial de los atrasados usos y costumbre, la venta de sus mujeres desde infantes: “Cuando, era niña costumbre impía,/ me han convertido en mercancía/ pero mi dueño dulce y sonriente/ calma sus penas con aguardiente”.

 

Falta trabajo coreográfico y musical

 

Estos comentarios son apenas una aproximación de lo mucho que se puede mencionar de las cuatro presentaciones recientes de la Guelaguetza, comentarios que por supuesto están a discusión, sin embargo saltan a la vista de manera rotunda las deficiencias. Destaca muy notoriamente la falta de un trabajo de conjunto, de una planificación del espectáculo de manera integral.

 

Falta muchísimo trabajo coreográfico y musical, falta que profesionales y conocedores trabajen en cada baile en particular y en toda la presentación en general. Ponerse de acuerdo para prescindir de lo repetitivo ya mencionado, y de tantos detalles como por ejemplo discutir si tiene caso convertir al guajolote en auténtico personaje que aparece una y otra vez con varias delegaciones; y si las delegaciones llegan a bailar o a cantar o a recitar, sobre todo cuando las letras son anodinas, excepto, claro, las canciones clásicas, como la Tortolita y Sholoxha. De los bailes ya hemos dicho, predominan las innovaciones triviales.

 

Urge un rediseño general

 

El rediseño artístico, de organización y promoción es urgente, junto con el arreglo político del asunto magisterial, pero también del escenario que alberga la Rotonda de la Azucena. Proteger el entorno ecológico del Cerro del Fortín, sede del Auditorio Guelaguetza; retirar ese absurdo puente “chueco” improvisado ahí. Y quizá hasta ese estacionamiento que agrede el ecosistema.

 

Discutir si hace falta cubrir al público de las lluvias (de las que nadie se queja) obstruyendo la vista al Valle de Oaxaca, pues ese paisaje impactante es otro de los atractivos esenciales, hasta parte del escenario que lo hace monumental. Y si hiciera falta, no es, evidentemente, esa antiestética velaria la adecuada.

 
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