Cuauhtémoc Blas
En la democracia, está dicho hasta la saciedad, se gana o pierde por un voto. Pero quienes no son demócratas no entiende eso, están en los procesos electorales, pero no esperan la decisión soberana de los ciudadanos sino hacen todas las trampas y corruptelas para torcer la voluntad popular. Hay ejemplos a pasto hoy mismo en Oaxaca.
La democracia no sólo sirve para que los anti demócratas lleguen al poder, sino también para que auténticos delincuentes lo hagan, son quienes se percatan que pueden delinquir “legalmente”, incluso usar a las instituciones para sus actividades ilícitas. Y llegan muy alto, incluso de manera abierta, adquieren fuero político y se tornan intocables, aunque tengan escándalos de corrupción o de enriquecimiento inexplicable. Aunque no puedan ingresar a los Estados Unidos donde se les acusa de narcotraficantes a algunos.
Las presiones de los grupos delincuenciales en este proceso electoral 2018, con la mayor cauda de asesinatos de candidatos y políticos, ilustra con claridad lo comentado. Hace décadas la delincuencia organizada estaba bajo la tutoría de los altos políticos, actualmente se montan directamente en los cargos, pequeños y grandes. El ex edil de Iguala, José Luis Abarca, es el caso más escandaloso.












