Cuauhtémoc Blas
La historia posrevolucionaria de traspaso del poder de la presidencia de la República en México ha sido en forma de herencia, salvo las últimas alternancias. El Tlatoani priista escogía entre los miembros de su gabinete a quien le parecía mejor, claro considerando algunas señales de la realidad nacional e internacional. La opinión de los EU siempre era importante, así como las corrientes económicas predominantes.
El caso de Carlos Salinas y su inscripción en el mundo neoliberal, egresado de Harvard, es paradigmático. La primera generación de norteamericanos nacidos en México, los llamó Carlos Monsiváis. Con este político nuestro país se inscribió plenamente en el neoliberalismo y su globalización, los mercados mexicanos se abrieron de par en par en todos los rincones del país. Oaxaca, no fue la excepción, en ese sexenio, con Heladio Ramírez de gobernador y luego Diódoro Carrasco, se abrieron las puertas al capital transnacional. Llegó, por ejemplo, la poderosa cadena Walmart, con sus Aurreras a todos los mercados regionales, a llevarse los ingresos de los mexicanos aprovechando aeropuertos y demás vías de comunicación construidos con los impuestos de los mexicanos.
Otra de las potestades de los presidentes era nombrar a los gobernadores de los estados, auténticos nuevos virreyes en el último sexenio, el peor de todos desde los últimos años del atroz dictador Porfirio Díaz. Les dio por hacer todo lo que quisieron en sus estados.












