Cuauhtémoc Blas
Al ir borroneando estas crónicas, me avisan que murió un compañero de la Asociación, presumiblemente de Covid; un día antes murió su esposa, y también su hijo; una de sus dos hijas se debate en el Hospital del IMSS. Sólo la más pequeña no sufrió la enfermedad. Una fulminante desgracia que nos golpea a todos.
Llamo por teléfono a un familiar de ellos. Está abatido, terrible desgracia familiar, exclama a punto del llanto. Su hermana mayor, quien se la jugó atendiendo a las víctimas está cansada, me dice, vive sola, “me he venido con ella a su casa para ayudarla”. Pero los médicos no quieren atender, el que teníamos, agrega, ya no me contesta el teléfono el ingrato, se ha desentendido.












