“Soy en verdad un viajero solitario;
y los ideales que han iluminado
mi camino y han proporcionado
una y otra vez nuevo valor
para afrontar la vida han sido:
la belleza, la bondad y la verdad.”
Albert Einstein
No tengo adquirido derecho alguno de juzgar a las personas, pero siento que tengo la razón de hacer juicios sobre aquellos que yo quiero admirar. En mi caso, es de las pocas cosas en que coincido con Einstein, en el valor de la bondad. Como es una de las expresiones humanas que no ha sido natural en mí y que me he tenido que injertar con muchas iteraciones catastróficas y aún dolientes. Admiro a la gente que tiene y no ha perdido su naturaleza bondadosa suspirada ante el canto de las sirenas de la realidad insoportable.
Los temas en que Einstein y yo diferimos, deben de ser muchos, la incalculable mayoría están más allá de mi entendimiento, convergemos en que la bondad es la piedra filosofal de la humanidad.
Como un reconocimiento de que en mi vida he sido capaz de desarrollar este sentido de identificación de lo bueno, me he dado a la tarea de testimoniar a las personas bondadosas que conozco y que quiero distinguir con el grado de “gente de corazón puro”.
El concepto de “gente de corazón puro”” es muy claro, en cuanto se lo menciono a mis amigos todos asienten, pero en cuanto intento ponerle nombres a mi lista muchos se encabronan, particularmente aquellos que no he nominado, piensan que los estoy injuriando en su propia cara al decirles que ellos no son según mi criterio, de los elegidos y entonces me dicen con diferentes y floridos grados de enjundia… “y tu que te crees”, alguno ya me corrió de su casa y otros me amenazaron con no asistir a mi próxima fiesta de desengaños o peor aún, hasta me cobraron lo que les debo.
La inteligencia da bondad,
justicia y hermosura;
como un ala, levanta el
espíritu; como una corona,
hace monarca al que la ostenta.
José Martí
La “gente de corazón puro” no sólo es buena, sino que tiene la especia necesaria para saber ser divertida, porque normalmente su primera pasión es la vida y resultan expertos en el arte de la felicidad, cuando estás con ellos sientes que eres especial y en sus ojos te ves como la mejor persona que puedes ser, Diderot dice que “no basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien”.
Mi lista es ambiciosa, quiero tener tantos nominados como dedos tengo en el cuerpo, pretendo además tener una cuota de género equitativa, pero soy necio e irreductible en cuanto al ADN: tiene que ser humano, por más que intento incluir a mis amigos políticos, estos continúan resbalándose fuera de mi selecto grupo, como se evapora el mezcal en medio de la carcajada.
Llevo más de un año en la selección de estas personas y me he puesto como limite mi próximo onomástico, pero es más difícil de lo que pensé en un principio, así que he recurrido a algunas estrategias y filtros para ayudarme -que luego he tenido que modificar-, por ejemplo tome como premisa que aquellas personas en mi lista de “gente de corazón puro” serian aquellos que me pudieran firmar un pagaré en blanco para alguno de mis proyectos imposibles o para satisfacer cualquiera de mis apetitos recurrentes. Pues de repente la lista se desbordó y empezó a hacer agua y fui iluminado por una sonrisa esperanzadora y por una satisfacción soberbia… Y de repente, como un nopal sin tunas, me percaté que además debían de tener recursos suficientes para afrontar las consecuencias económicas de su expresión. Una “gente de corazón puro” además es responsable, es decir, son capaces de tocar el claxon para evitar machucar a alguien, aunque lo dejen sordo.
Quiero agradecer, de todos mis congéneres, a aquellos que yo creo que son “gente de corazón puro”, porque me obligan a intentar acciones en el bien de la humanidad, aunque lo haga por imitación, sin originalidad; a aquellos que están en el limbo de mi lista, disculpen si aun no les he observado lo suficiente o si no tengo la capacidad de comprender los intrincados caminos de la justicia; y a aquellos malvados, que intentan hacerme pecar en todo momento y seguir por el camino más transitado y fácil, les condeno a que me carguen si quieren que siga su ejemplo, porque por mi voluntad, prefiero ser sabroso.
Bahías de Huatulco Oaxaca
Octubre 2009
