Los días 26 y 27 de noviembre de 2010 se realizó en la ciudad de Oaxaca el Tercer Encuentro de Periodistas; en ese marco acudieron invitados los moneros de “El Chamucho”: Helguera, Hernández y Mario Osiris Benavides Morín, Benmorín. Caricaturista oriundo de Tehuantepec, quien después de iniciarse en distintos medios estatales, salió en busca de tribunas nacionales. Las consiguió y persiste en mejorar su trabajo y sus trincheras. Las caricaturas de Benmorín férreamente críticas se inscriben, no obstante, en la posición lapidaria que comentara Hernández en su charla con sus colegas de Oaxaca: “Por más dura y ácida que sea una caricatura no se compara ni mínimamente con el daño que hacen los políticos”. En Marcha platicó con Benmorín, quien ha sido en distintas etapas, su colaborador.
¿Qué expones en este encuentro? ¿Qué es surrealismo hiperreal?
Cada vez que hago un cartón no sólo critico a algún funcionario o a cualquiera que se merezca uno; por cada vez que hago una crítica con uno de mis cartones o caricaturas, me hago dos a mí mismo: la primera tiene que ver con la plástica, el humor y el poder del dibujo, cuánto he avanzado, cuánto me falta por avanzar; y segundo, cuánto he avanzado yo como persona, cuánto me falta por fortalecer y de mi espíritu por crecer para poder hacer esa crítica sin remordimientos, sin soberbia y con el pleno derecho de hacerlo. Eso es lo que expongo aquí y es lo que regularmente expone cualquiera que quiere mostrar algo: los resultados parciales o finales de una forma particular de ver e interpretar la vida. El surrealismo hiperreal, que fue un título precipitado, porque debió ser “irrealismo hiperreal”, es a mi parecer ese resultado parcial de percibir, en este caso, la política: “absurda, inaudita o irracional cosa tan real y tangible que llega a cometer perjuicio en contra de quienes estamos de este lado de su protagonismo, en frente”.
¿Qué importancia tiene para ti exponer en Oaxaca?
Exponer en Oaxaca es como mostrarle a mi madre que voy bien, que estoy haciendo bien las cosas, que no tengo absolutamente nada de qué arrepentirme y que ella puede ya comenzar a descansar del corazón. Seguiré haciendo cosas atrevidas, pondré en riesgo muchas cosas valiosas como siempre, pero ya el dolor que le he provocado a mi madre será menor. Siento que mi madre nunca dudó de mí y esta es una pequeña recompensa a su respaldo y su fe en este hijo loco.
¿Hace cuanto te fuiste de Oaxaca? ¿Cómo entraste a El Chamuco?
Hace poco más de un año, cuando consideré que era suficiente, en el momento oportuno, en el que una de las últimas corridas del tren de la vida está disponible. El Chamuco es una revista exitosa, pero con todo y eso estaba a punto de la quiebra como muchas; la reorganizaron por completo y creo que ese tren que tomé incluía esa oportunidad. Sólo llegué, otra vez, en el momento oportuno, pero las oportunidades no bastan. Uno debe refinar el trabajo, comprometerse, comportarse, y aún así no es suficiente; de allí falta tener el respaldo y la comprensión de la familia.
¿Qué tan difícil es destacar allá?
Mucho. Llevé mi currículum muchas veces a El Universal, Crónica, Reforma, Excélsior casi a todos los diarios, y ni una llamadita por lo menos para decirme que no me querían. Yo lo presentía, pero alguien que trabaja en La Razón me lo confirmó. Me dijo que ellos, que son un periódico relativamente pequeño, tiran a la basura por lo menos unos 50 currículos diarios. Llevé de nuevo mi currículum a El Universal aplicando un truco que no quiero revelar, porque creo que uno pasa por muchas cosas y este truco, como muchos aprendizajes, son herramientas muy personales. El truco funcionó, y días después me llamaron de El Gráfico, su diario local allá en el DF. Acudí a la entrevista y ahora colaboro en ese diario desde noviembre pasado. Yo quiero estar en El Universal, pero esta es otra oportunidad que, creo una vez más, venía con el tren que tomé cuando me mude aquí a esta ciudad. Ya habrá nuevas oportunidades; no quiero subirme a un tren cualquiera ni mendigar por el precio del boleto, pero tampoco deseo quedarme para siempre en la misma estación.
¿Cómo te iniciaste en la caricatura? Tú eras inicialmente pintor, ¿no? Bueno lo sigues siendo. ¿Cómo combinas cari y plástica?
A veces pareciera que mi inicio en la caricatura fue un accidente encantador, pero fue una oportunidad, de las primeras. Hace poco más de 10 años, mi amigo Cuauhtémoc Blas me pidió que hiciera un cartón y lo hice, y sentí que fue muy pronto cuando ya estaba trabajando en otro medio, y luego en otro, y en ese andar y no buscar sino encontrar, aprendí muchas cosas. Aprendes técnica siempre por puro atrevimiento o por accidente, porque esto del dibujo, la pintura y todas las artes plásticas son artes naturales pero, como todas, necesitan de compromiso y disciplina. Sin embargo, tenemos en la vida muy poco tiempo, y cada vez que uno consigue una meta exitosamente, con cada éxito adquiere uno nuevas y más altas responsabilidades, y entonces el tiempo para llegar al cenit o la maestría de cada cosa que uno se empeña en conseguir, es cada vez más reducido. Por eso Da Vinci tuvo mayor número de fracasos que de conquistas. Siento que me hacen falta recursos para nuevos proyectos, pero si consigo los recursos y me aventuro, el tiempo no será suficiente.
Has criticado duro a URO. ¿Cómo te portarás con Gabino?
Nunca me fue fácil criticar a URO. Muchas veces por conservar el trabajo me vi obligado a favorecer o acceder a los criterios editoriales de los dueños de la mayoría de los medios en los que publiqué en Oaxaca. Creo que las críticas más duras que he hecho a URO las hice ya lejos del estado y en la revista El Chamuco, en mi blog, a través de Facebook y Twitter o en la revista En Marcha, en la que comencé a publicar mis primeros cartones, y ahora ya más relajado y sin presiones, prohibiciones ni mutilaciones de las que siempre fue objeto mi trabajo en otros medios, retomé esa oportunidad que nunca se cerró en el que ha sido el único medio oaxaqueño que me ha dado esa libertad, y sé que esas críticas más libres tuvieron mucho más éxito y mayor impacto que cualquier florecita obligada que tuve que echarle, pero también creo que compensan la ausencia de un trabajo comprometido que considero que faltó muchas veces estando acá, y justifican y explican plenamente mi decisión de irme de Oaxaca. En ese sentido, a Gabino le tocó la peor parte, no sólo porque ahora tengo mayor libertad de expresarme sino porque la responsabilidad que tiene exige de mayor vigilancia, de más duras críticas, porque es muy común ese nefasto comportamiento de los curas o profesores violadores de niños cuando les damos la confianza absoluta de cuidar algo que amamos tanto, y es por eso que tendrá mayor número y más duros ojos encima, porque no es cualquier cosa la que se le dio en las manos.
¿Qué proyectos tienes en puerta?
Estoy planeando un cómic que me entusiasma mucho. Quiero hacer algo similar a La familia Burrón, pero con personajes y situaciones actuales. Seguir con ese maravilloso trabajo de Gabriel Vargas. Estoy por terminar el bosquejo del proyecto y enseñarlo a otros caricaturistas. La otra novedad es que cada caricaturista escriba y dibuje su propia historia sin perder la continuidad de una sola edición. Es decir, que cada uno tenga sólo un número determinado de páginas y el otro continúe con sus propios recursos e ideas lo que el otro no concluyó. Al que le toquen las primeras páginas deberá continuar en donde se quedó la edición anterior y a quien le toquen las últimas tendrá la responsabilidad de dejar picados a los lectores. Otro sueño, más que proyecto, es el de abrir una galería de arte, pero eso sólo será posible si me gano la lotería o el melate, porque ahora no tengo los medios para conseguirlo, pero sé que con gran empeño lo lograré. Otro trabajo que estoy a punto de terminar es un libro de cuentos ilustrados, sólo que no será para niños exclusivamente. Creo que estamos ahora muy acostumbrados y atentos a las imágenes, y es lógico si ahora los recursos que tenemos para comunicar tienen herramientas que favorecen esa tendencia. Nostradamus no se equivocó al hacer gráficas sus profecías en uno de sus libros, porque según los estudios más recientes, el pronosticó que entenderíamos mejor si nos dejaba su mensaje plasmado con acuarelas. Paradójicamente, está resultando más difícil descifrarlos, porque se adelantó demasiado y no estamos preparados para dejar del todo las letras a un lado.
¿Hay otros oaxaqueños haciendo caricatura en el D.F.?
Allá en el DF soy nuevo y he tenido poco o nulo contacto inclusive con los caricaturistas de El Chamuco y El Universal, pues cada quien anda en su rollo. Si sé de muchos oaxaqueños que destacan allá en muchas cosas, y de hecho cuando trabajé en producción de TV hace ya algunos años, cuando me preguntaron que de dónde era, les dije que de Oaxaca y comentaron: “Mmmh, otro oaxaqueño”, así que no creo que no haya alguno. Sé de muchos que andan en innumerables situaciones de superación, otros ahí la llevan, andan cerca, pero si algo he aprendido allá es que entre más triunfos tenga alguien, más difícil se le hace prevalecer y permanecer; es difícil entretener al público y convencer a los críticos porque exigen cada día malabares más altos y peligrosos.
¿Para ti qué es el éxito?
Es una responsabilidad. Mi éxito más grande es mi hija y mi orgullo más alto mi esposa. Las demás cosas que se consideran éxitos, por lo menos en mi vida, fueron oportunidades que no dejé ir. Todas esas oportunidades, “muy oportunas”, por cierto, algún día terminaré dejándolas; me aburriré de ellas, me darán algún reconocimiento o premio por haber respondido eficazmente a alguna; “Ya vendrán otras”, pensaré cuando deje alguna. Prefiero que mi éxito sea personal, íntimo, porque el público jamás estará conforme. De las oportunidades que no dejé ir que digan lo que quieran, que me aplaudan, que me critiquen, que me aplasten mis detractores. El éxito lo considero personal, es algo que se asume y se comparte con la gente que se tiene cerca. A los que se tiene lejos, que no llega uno a conocer, lo único que se les puede ofrecer es el ejemplo, la pauta, el camino, y creo que comenzaré por trasmitirles eso, que mi éxito más grande lo tengo aquí conmigo, cerca, en el corazón.
