“Gabino, ¿puedes o no puedes?”, es la frase provocadora que el inefable diputado priista Héctor Pablo Ramírez-Puga Leyva lanzó en días pasados. Por supuesto, lanzada desde el resentimiento por la derrota del PRI. Esta ofensiva de uno de los conspicuos miembros de la “burbuja” de Ulises Ruiz Ortiz (URO) tiene poco sustento, pues carece de autoridad moral para siquiera esbozar esa pregunta, y es claro que si la misma pregunta la dirigiera a URO, la respuesta sería: no pudo.
Algo similar sucede con el plan estatal de desarrollo, lo descalifica, nada menos que Jorge Toledo Luis, dirigente de la CNOP, pero cuando ellos estuvieron en el poder, no tenían siquiera un programita mínimo de acción. O claman por quitar la tenencia, cuando ésta no se puede cancelar por la deuda con que el gobierno de Ulises dejó hipotecado por los próximos 25 años precisamente con los ingresos por ese impuesto.
Gobierno: operar sin dinero
Sin embargo, más allá de la ofensiva priista y de los grupos que buscan impunidad, lo cierto es que a seis meses del gobierno “del cambio”, éste parece lejano a acertar en los temas fundamentales de Oaxaca.
Cierto, el tradicional paro magisterial se resolvió; las audiencias públicas acercan al gobernante con sus gobernados; hay algunos cambios en la legislación. Pero, parecen ser más actos simbólicos que ejercicio real de gobierno.
Y, como en la frase famosa de la campaña de Clinton en 1982, “es la economía, estúpido”, es en las finanzas estatales, la principal fuente de poder de todo gobierno, en donde parece iniciar la debilidad del gobierno de Gabino Cué. Si bien la obra pública siempre tarda en iniciar, en el caso de este gobierno la tardanza ya es muy grande y esa falta de derrama de dinero no sólo ha paralizado la actuación gubernamental sino afecta a la mayoría de las empresas, proveedores y de servicios en un Oaxaca sin industrias, dependiente del dinero público, en gran medida. Y con un mercado interno oaxaqueño de suyo deprimido.
Esta ausencia del dinero público ha llevado a Oaxaca a riesgos extremos, pues ni siquiera hay dinero para la operación política; funcionarios de primer nivel se quejan permanentemente del secretario de Finanzas, el cuestionado Gerardo Cajiga, así como del titular de Administración, pues bloquean todo, afirman.
¿Gobernar sin administración pública?
Un factor que contribuye a la parálisis gubernamental son las nuevas secretarías, subsecretarías, direcciones y dependencias que necesitaron de nuevos organigramas, manual de funciones y de operaciones. No se ven profesionales de la administración pública en el gobierno que hagan ese diseño o rediseño institucional. Algunos altos funcionarios, los al menos preocupados por lo formal, contratan despachos o profesionales que les hagan ese trabajo; la mayoría sobrevive sin saber cómo y en la improvisación, sin bases, ni rumbo.
Otro factor que incide en esto, son los funcionarios que de los pueblos, organizaciones o partidos receptores de cuotas, sin la menor idea de la administración pública y desde posiciones ejecutivas delicadas no saben qué hacer. Pero también hay que apuntar que algunos elegantes representantes de la iniciativa privada, como el secretario de Turismo y Desarrollo Económico, se encuentra en la misma situación, con el añadido de la soberbia.
Así las cosas, algunos sólo se reconfortan viendo qué se llevan, por ejemplo Pedro Silva Salazar titular de COTRAM es acusado de seguir con el viejo negocio muratista-ulisista de las concesiones de vehículos de transporte público.
Casi nos habíamos acostumbrado a las caóticas administraciones de Murat y URO, que gobernaron sin políticas públicas, sin planificación ni estrategias, sólo con temperamento y ocurrencias. Por ello se esperaba un mejor gobierno desde la alternancia.
Secretaría de Finanzas ahorca al gobierno
Pero si no autorizan ni la inversión en este diseño o rediseño administrativo, ni el dinero que se requiere para la operación cotidiana, menos aún para programas especiales. En Finanzas han elaborado “controles de gasto” con tanto enredo burocrático que, está visto, ese sí tuvo un diseño pero para entorpecer la fluidez de los recursos hacia las dependencias.
“No hay ni para papelería ni fotocopiadoras”; “los viáticos los hemos puesto de nuestra bolsa para el personal y nos dicen que ya no es posible recuperarlos”; “sucede que a media semana, el celular que nos asignaron se queda sin crédito”. “Tenemos qué salir de las oficinas de Ciudad Administrativa a sacar fotocopias con nuestro dinero”, ilustran molestos algunos nuevos funcionarios.
Muchas oficinas gubernamentales funcionan en las casas de los funcionarios, con secretarias y empleados de gobierno ahí, pues saben que si rentan locales a crédito o financiado por ellos no les reintegrarán el dinero. Computadoras, impresoras y demás aparatos que ocupan son propiedad de ellos. Aunque, como no hay dinero, tampoco hay muchas cosas qué hacer.
Operadores sin dinero para trabajar
En la operación política la situación es más aguda. Si antes los funcionarios llegaban a desactivar un conflicto con el respaldo de bolsas de dinero, lo mismo para comprar a algún líder, corromper a un grupo, hasta comprometer alguna obra pública menor que desactivara las tensiones, ahora la situación ha cambiado: “los conflictos los tenemos que resolver con saliva; y eso funciona la primera vez, no más”; “en Finanzas no entienden que no podemos llegar dos muertos después, sino que es nuestro deber estar antes de que escalen los conflictos”.
Son insistentes las versiones que la cuadrilla de policías del estado estacionada en Tuxtepec no pudo desplazarse a Santiago Choapam (antes de la masacre por pleitos electorales) porque carecían de recursos para proveerse de combustible.
Estas son quejas reiteradas que surgen entre funcionarios de primer nivel. Ahora no son los trabajadores, quienes se quejan porque no hay recursos para trabajar, como en el sexenio de Ulises, cuando los titulares de las dependencias se robaban casi todo. Hoy las quejas provienen de quienes forman parte de la élite del gabinete que no puede hacer el trabajo mínimo para cumplir con sus responsabilidades como parte del gobierno.
Funcionarios sueldos miserables y otros ídem
Y luego vienen los salarios. Las ilusión de muchos de “los mejores hombres y mujeres de Oaxaca” era incorporarse a espacios bien pagados, pero, salvo los más allegados al gobernador, al secretario particular Robles Montoya o a los titulares de Finanzas y Administración, no sucede así. Directores que cobran sueldos de jefes de departamento; jefes de departamento que ganan como burócratas de base. Ese es el pretexto de varios de los nóveles funcionarios para descuidar sus tareas y dedicarse a lo que saben hacer: la presión con sus organizaciones sociales; o a sus tareas partidistas. Algunos de ellos son más bien gestores de sus grupos, antes que servidores públicos comprometidos con sus tareas de gobierno.
Un servidor público comenta a En Marcha: “Para colmo me enteré - que el sueldos que devengaría (cuando me lo pagaran) como jefe de departamento sería el mismo que el de un empleado de base 13C, alrededor de 12 mil pesos, pero uno con responsabilidades mayores, trabajo de otra calidad, sin horario y a disposición siempre para salir de la ciudad…” Decidió renunciar sin siquiera cobrar el tiempo que ahí perdió.
Se ha visto a secretarios de cuotas, como el otorgado al “rayito de esperanza” Andrés Manuel López Obrador en la persona de Salomón Jara Cruz, titular de la Secretaría de Desarrollo Rural (SEDER), en las Audiencias Públicas regionales del gobernador donde por la mañana atiende como funcionario del otro lado de la barra, perdón, de la mesa, junto al gobernador, y por la tarde se pasa al frente del gobernador con sus grupos políticos.
Salomón Jara y Dany Cartera
Y la presión y el chantaje es lo que Jara y otros seudo luchadores sociales (hoy en el gabinete) saben hacer, de ahí que colocarlo al frente de una importantísima dependencia de atención al sector productivo más débil, el del campo, sea no sólo un desatino sino una afrenta a los oaxaqueños que de verdad quieren producir y trabajar para salir adelante.
Y así pululan en este gabinete de cuotas, hasta cléptomanos como Dany Cartera, como mejor se conoce al flamante titular de la innecesaria secretaría bonsái del gobierno estatal, la del Trabajo, creada, a todas luces, para dar su cuota al Partido del Trabajo (PT).
Daniel Juárez López es de quien los medios denunciaron que fue sorprendido robando una cartera en Fábricas de Francia. Pertenece a la familia del patrimonialismo político de “izquierda”, López-Nelio, su tío Mariano Santana tiene la franquicia del PT en Oaxaca.
Tec de Monterrey destroza Plan Estatal
Claro, hay un grupo que traza los nuevos “ejes estratégicos”, imberbes recién egresados del Tec de Monterrey y consultores de allá mismo, quienes han demostrado no sólo desconocer Oaxaca y su problemas, sino también carecer de capacidades técnicas. Esos se dieron a la tarea de destrozar la información que desde el gobierno electo sus colaboradores recogieron en las consultas públicas, en el Plan Preliminar y las de las dependencias y entidades para la elaboración del Plan Estatal de Desarrollo.
El mamotreto que resultó del tratamiento de esas “manos expertas”, es un Plan Estatal que poco tiene que ver con aquellos trabajos y menos con la realidad oaxaqueña; un Plan sin una definición clara y viable del rumbo a seguir. Ni la lujosa presentación impresa logra esconder las evidentes faltas de ortografía y mala sintaxis del documento.
Con todos esos lastres, el gobierno de Gabino Cué Monteagudo está obligado a dar un viraje a su gobierno, un golpe de timón para enderezar el rumbo y rescatar un barco que empieza a zozobrar a poco de haber zarpado. Y si la historia no les parece larga…
