LXII Legislatura, desastrosa

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Congreso: dilapidó unos 2 mil millones sin comprobar; sólo aprobó leyes, acuerdos, presupuestos si había “pago por evento”. Ese concepto lo iniciaron Gabino Cué y Martín Vásquez Villanueva, primer presidente de la JUCOPO. Jorge el “Coco” Castillo mandamás en el Legislativo con su pieza, el poderoso Tesorero del Congreso que no rinde cuentas a ningún diputado. La opacidad en el manejo de los recursos es escandalosa y por parte de todos: PRI, PRD, PAN.

 

La irresponsabilidad de la LXII Legislatura alcanzó dimensiones nunca vistas. Llegó al escarnio, la frivolidad, el relajo pleno. Sobre todo, se sumió con decisión en la corrupción, la exigencia del famoso “pago por evento” que se instauró desde la llegada del llamado gobierno del “cambio” con Gabino Cué en el poder ejecutivo y Martín Vásquez Villanueva al frente del legislativo en 2010.

 

Los 2 mil millones de pesos que se auto asignaron los diputados fueron administrados con la más plena opacidad. Los presidentes de la Juntas de Coordinación Políticas (JUCOPO) hicieron lo que quisieron, en desvíos escandalosos y nulas comprobaciones. Nunca había tenido tanto dinero el Congreso de Oaxaca, y nunca como ahora las deudas a proveedores fueron tantas, así como la carencia hasta de los más elementales materiales de oficina: toner, papel, agua, materiales de limpieza, etc.

 

El manejo ha sido de total opacidad, desde el genial maniobrero Alejandro Avilés del PRI, pasando por los perredistas Anselmo Ortiz, Rosendo Serrano y quien los sustituyó Jesús López Rodríguez, sin quedar atrás los panistas confrontados por el cargo y, sobre todo, por el dinero, Natividad Díaz y Gerardo Henestrosa.

 

Sin embargo, hubo un personaje con mayores atribuciones extra legales que manejó a su arbitrio el dinero del Congreso, el Tesorero Mauro Alberto Sánchez, quien abiertamente desafió, desobedeció hasta la burla a los líderes de JUCOPO, de bancadas partidistas y de diputados en general. Sostenido por el todopoderoso alter ego de Gabino Cué también sometió a su voluntad a los legisladores, sí el de siempre: Jorge el “Coco” Castillo.

 

“Pago por evento”, corrupción de diputados

 

Pero si ese tesorero y los presidentes de la JUCOPO tenían mano en ese gran botín de 800 millones, los diputados tuvieron su entrada aparte, cotizaron bien al alza su dedo levantado. El concepto de “pago por evento” surgió de entre los reporteros de la fuente, desde hace seis años cuando se instaló a tono con uno de los políticos más acusado de corrupción, Martín Vásquez Villanueva, a la sazón primer presidente de la JUCOPO, que sustituyó a la antigua Presidencia de la Gran Comisión.

 

“Pago por evento” es el eufemismo con que se designa a la retribución monetaria extra legal que exigen los actuales legisladores locales de Oaxaca (y los de la anterior legislatura, la LXI) para aprobar cualquier disposición legal que interese al ejecutivo; para aceptar a sus funcionarios propuestos al gabinete; para realizar reformas, acuerdos, sobre todo para aceptar el presupuesto de egresos del estado.

 

Por ahí están las fotos de la ex diputada Marlene Aldeco hace tres años, apoltronada en su cubículo diciendo a los cuatro vientos que no pasaría el presupuesto de egresos si antes no llegaba ese pago indebido. Testimonio de esa degradación histórica quedó en los medios de comunicación.

 

Sucedió a menudo, por ejemplo, que cuando Gabino Cué —gobernante cebado en el erario y las deudas millonarias que no se invirtieron en obra— enviaba su propuesta para nombrar un funcionario de su gabinete, menudeaban los desacuerdos y declaraciones de los legisladores en contra. Empero, todo ello era simplemente para encarecer el “pago por evento”, pues la abrumadora mayoría con que al final votaban para aceptar al funcionario habría sorprendido a cualquier observador desprevenido.

 

Sin dinero no bailaba ningún diputado, ni pasaban las leyes y ni siquiera se respetaban símbolos, fechas heroicas o lo que fuere. Eso sucedió con frecuencia, los primeros en violar normas, leyes y demás disposiciones fueron los mismos que se supone están para crearlas y salvaguardarlas: los representantes populares o diputados. Para muestra un caso ilustrativo recientemente sucedido. (Ver página 9)

 

¿Arar con los mismos en el próximo gobierno?

 

A pasos agigantados se acercan nuevos tiempos políticos y económicos. Nuevos no es decir necesariamente buenos o mejores, ojalá así sea, que no suceda lo que nadie imaginaba después del atropellado gobierno de Ulises Ruiz, que pudiera haber otro peor. Y lo hubo, aún lo padecemos, parafraseando a un poeta cursi de Uruguay podríamos decir: faltan para diciembre como tres quinquenios.

 

No parece buena idea querer acometer los problemas de Oaxaca con los mismos funcionarios del pasado que nunca hicieron los suficiente para resolver esas problemáticas, incluso hay poblaciones que han dado muestra de ese hartazgo. No hace mucho un enriquecido dinosaurio de la política y de la administración pública de Oaxaca fue literalmente corrido de Nochixtlán cuando intentaba servir de mediador. Viejo conocido de los pueblos, Martín Vásquez fue expulsado de esa reunión.

 

Los nombres que circulan como posibles ocupantes de los altos cargos del próximo gabinete son muy conocidos: el sedicente licenciado Javier Villacaña Jiménez, quien lo menos que hará como Secretario de Administración será llenar las áreas públicas de la entidad de bodrios gigantescos que él confunde con arte, amén de sus negocios familiares. Aunque también suena para este cargo el cuestionado ex director de COBAO, Germán Espinosa Santibáñez.

 

En Seguridad Pública mencionan a Heliodoro Díaz Escárraga, aquél que regaló a su hijo un auto de lujo Porche Caymán amarillo siendo mediano funcionario federal, además de conocido por su intensa afición a las bebidas espirituosas; Alejandro Avilés, el próspero vendedor de candidaturas priistas puede ser nada menos que secretario General de Gobierno.

 

Para la Secretaría de Desarrollo Social y Humano mencionan a Jorge el “Ratoncito” Zárate, acusado en todo momento de desviar los recursos que hoy administra en el programa federal Prospera; su jefe inmediato, el delegado de Sedesol en Oaxaca, Martín Vásquez Villanueva, encargado de retener los pagos a los adultos mayores so pretexto del movimiento magisterial, también está apuntado para proseguir con su funesta historia.

 

Martín Vásquez, con un amplio equipo, fue el más acusado por desvío de recursos como titular de la Secretaría de Salud que fue de Ulises Ruiz y creador del “pago por evento” de los diputados como primer presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso de la “alternancia”.
De verdad, ¿no hay más con quien arar el de suyo miserable campo de Oaxaca?