Hoy los mexicanos vamos a votar con las escasas o muchas capacidades de reflexión política. Con la conciencia política que nos coloca en el nivel de la calidad de nuestra democracia que tenemos. Una democracia al gusto de la partidocracia que legisla de acuerdo a sus particulares intereses. Pero aun así vemos que tampoco respetan sus propias reglas, pues la autoridad federal electoral, el IFE, reúne a los candidatos a la presidencia de la república para firmar un “pacto de civilidad”, con el cual se comprometen a respetar los resultados de la elección del 1 de julio.
Como si no fuera suficiente con la legislación ya establecida, se firma este pacto que estaría de más en otro país donde imperara el Estado de derecho. En la democracia presidencialista de México (hay otra que es la parlamentaria) su regla de oro es que se gana o se pierde por un solo voto. No debería hacer falta reafirmar esto, sin embargo hace seis años la sospecha de fraude y manipulación de resultados crispó al país con las repercusiones que marcó a este gobierno saliente y dañó a todos.
Según Francisco Abundis, director de la casa encuestadora Parametría, nuestro país posee el 61 por ciento de credibilidad a la televisión, uno de los más altos índices del mundo. El prestigiado académico y analista político Lorenzo Meyer, con otros parámetros, afirma que tenemos el 80 por ciento de credibilidad. O sea, esta proporción de mexicanos cree acríticamente lo que dice Joaquín López Dóriga y Carlos Loret de Mola, por ejemplo.
De ahí que la Tv sea el instrumento más efectivo para conquistar a las masas y electores en una nación como la nuestra con apenas un promedio de 8 años de escolaridad y pésima educación, contrario a los países desarrollados donde este promedio es de 12 años y con una educación de mayor calidad. De la calidad de los contenidos de la Tv mexicana ni hablar, sólo con ese programa cuyo eslogan decadente es “Que pase el desgraciado” y las abominables telenovelas se puede ubicar de que calidad hablamos.
En México la mayor teleaudiencia se da con las televisoras abiertas, gratuitas. En España que tiene un 40 por ciento de credibilidad en su Tv, por ejemplo, hasta las televisoras oficiales son de paga. La proporción de credibilidad es bastante menor y la calidad de sus contenidos televisivos son notoriamente mejores.
Alguien dijo de manera espontánea en Oaxaca cuando un grupo de maestros bloqueaba una vialidad y gritaban contra la globalización y por la democracia, que ésta, la democracia es un estadio que sólo corresponde a la gente educada. Ciertamente, la conciencia política no se adquiere sin una buena educación, y no hay buena educación sin buenos maestros, y no hay buenos maestros sin buenos gobernantes. Para Benito Juárez gobernar es educar, y ¿Quién ha gobernado Oaxaca así últimamente? Nadie.
En otra parte escribimos que “El desastre de la educación en México y Oaxaca explica el desastre del país y del estado. La poca y mala educación arroja baja conciencia política, ciudadanos sin hábito de lectura y acríticos. Sintomático es que México tenga uno de los más altos índices de credibilidad a la pasiva Tv”. De aquí el poder enorme de la Tv, lo que fue atendido por el candidato a presidente de México hoy puntero en las encuestas quien durante seis años basó en ella su campaña permanente (http://revistaenmarcha.com.mx/editorial/1022-la-mala-educacion-de-los-maestros.html).
Finalmente estamos hoy en el umbral de un nuevo tiempo mexicano, con tres partidos realmente contendientes por la presidencia de la república: PRI, PRD y PAN en el orden de preferencias electores en que los colocan las encuestas. A lo largo de los últimos años esos partidos se han consolidados en la preferencia de los mexicanos. De ahí que lo ideal para nuestra democracia sería que la votación fuera entre estos tres partidos. Y no atender a esos otros partidos pequeños que no representan a nadie más que a las familias que los tienes en descarado usufructo, PANAL, Partido Verde; así como esos otros de Movimiento Ciudadano y el PT. Este último inventado por Carlos y Raúl Salinas de Gortari y entregado a su peón Alberto Anaya.
El PANAL con su abanderado Gabriel Quadri de la Torre es quizá el peor de todos, cuya dueña absoluta Elba Esther Gordillo con ese partido mafioso ha dañado demasiado al país en sus interesadas alianzas y maniobras siniestras. Concentrar la votación en los tres partidos grandes y propiciar la pérdida del registro de estos otros que no representan a minorías importantes sino a sus usufructuarios sería un buen saldo de la elección del día de hoy.
Notas al margen: El intento de asesinato al periodista Said Hernández del El Tucán en un hecho que agravia al gremio periodístico; hecho que se da en medio del debilitamiento de este gobierno del “cambio” que nada cambió y que está llevando al extremo las debilidades sociales de Oaxaca. Exigimos que en Oaxaca la libertad de expresión no sea sólo pose demagógica. Los discursos que los políticos han hilvanado como frases de campaña deben traducirse en plena garantía para el ejercicio de esa actividad vital para el desarrollo democrático de los pueblos. Sin prensa libre no hay democracia. Organismos internacionales han señalado a Oaxaca como uno de los estados más peligrosos y con mayores riesgos para quienes realizan la labor periodística, una última prueba de ello es este ataque reciente a Said Hernández.
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