Cuauhtémoc Blas
Componer el sistema educativo de Oaxaca requiere de decisiones más difíciles que el uso del poder para recuperar, por ejemplo, los espacios del IEEPO que nunca debió tener la parte sindical, nunca, pues ese monumental conflicto de intereses que implica ser sindicato y patrón, juez y parte, es peor que la sola distorsión y corrupción burocrática que ya empieza a vislumbrarse otra vez en la conformación del “nuevo IEEPO”.
Colocados en las circunstancias de nuestros malos gobiernos, federal y estatal, nos queda siempre elegir entre lo malo y lo peor, la consigna es ir por el mal menor. El extremo a que nos ha llevado más de 50 años de mala educación no podía ser otro (el problema viene desde antes del movimiento magisterial): escasa ciudadanía, hay mucho pueblo pero casi nula participación ciudadana, no hay una sociedad educada en su importancia que exija cuentas, transparencia, buen gobierno.
De ahí que después de haber persuadido a los votantes para que los beneficien con el poder, los funcionarios se dediquen a hacer su real voluntad, a administrar lo público como si fuera su patrimonio, a pedir el 30 por ciento por entregar a las constructoras la obra pública sin licitar o a endeudar al estado estratosféricamente, como el actual gobierno estatal tiene hoy a Oaxaca, con el absurdo e injustificable record histórico de más de 14 mil millones de pesos de deuda (hay informaciones que son de 18 mil millones). Y no hay obra pública trascendente, ¿dónde está ese dinero?












