Cuauhtémoc Blas
Son de verdad incontables los daños del magisterio de Oaxaca a la vida estatal. Imposible enumerarlos en un pequeño espacio, haría falta un libro de más de 300 páginas. Daños en la economía, en la cultura, en la educación, en suma, en el bajo grado de civilización a que nos han condenado.
Condenados a ser una sociedad cuasi ignorante y violenta, no sólo por la violencia de la delincuencia común y la organizada, sino porque no cabe duda que es real ese lugar común de que se educa con el ejemplo, lo que también funciona en este caso, pero al revés, los maestros oaxaqueños maleducan con su mal ejemplo.
Maleducan con su mal ejemplo
No pocas veces nos hemos topado en carreteras con grupos de muchachos que con una soga detienen la circulación en un tope para exigir dinero para el compañerito enfermo, o en diciembre para la fiesta de la virgen de la localidad, en la Costa, en el Istmo, por ejemplo (tenemos algunas fotografías al respecto). A tono con lo que ven que hacen sus mentores.
O grupos de pobladores que cuando las hordas magisteriales bloquean las carreteras ellos cierran las calles que podrían servir de desahogo, para igual que los primeros exigir dinero por dejar transitar a los vehículos. Casos concretos hay a pasto.












